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Vuelve a todos los artículos > Baleares desde Barcelona: parking y qué ver en las islas

El puerto de Barcelona es la puerta de entrada más habitual hacia las Baleares para quienes prefieren viajar en ferry, ya sea llevando el coche a la isla o simplemente para embarcar sin las restricciones de equipaje del avión. Compañías como Trasmediterránea y Baleària operan trayectos regulares hacia Palma de Mallorca, Ibiza y Menorca, con salidas que suelen concentrarse por la noche para aprovechar la travesía mientras se duerme. El problema llega antes de subir a bordo: el puerto de Barcelona no es un único punto de embarque, sino un conjunto de terminales distribuidas en distintas zonas, y encontrar dónde dejar el coche cerca de la terminal correcta puede complicarse si no se resuelve con margen.
Antes de reservar conviene tener claro un dato: la terminal de ferris hacia Baleares no está en el mismo punto que las terminales de cruceros, así que el primer paso es confirmar con qué compañía se viaja y en qué muelle opera. Con esa información resulta mucho más sencillo elegir entre las opciones deparking en el puerto de Barcelona disponibles en MyParking, filtrando por distancia real a la terminal, tipo de acceso y duración de la estancia. Alguien aparcamientos se sitúan prácticamente junto a las terminales marítimas, mientras que opciones algo más alejadas del muelle suelen tener tarifas más ajustadas para estancias de varios días, algo habitual cuando el coche se queda en Barcelona mientras su dueño está de vacaciones en la isla.
Una alternativa que gana adeptos cada temporada es dejar el coche en un parking del centro de la ciudad y moverse hasta el puerto con el Cruise Bus, el servicio de lanzadera que conecta el World Trade Center con las terminales marítimas. El punto de salida está junto a la parada de metro Drassanes, en la línea L3, lo que permite combinar transporte público y lanzadera sin depender del tráfico portuario. El billete de ida y vuelta tiene un coste simbólico, y para quien reserva un parking vigilado en zonas como el Raval o el Eixample, esta combinación suele salir más económica que un aparcamiento pegado al muelle, sobre todo si el viaje se alarga varios días.
Mallorca suele ser la primera escala de quien viaja desde Barcelona, y Palma concentra buena parte del interés turístico con su catedral gótica asomada al mar y el barrio antiguo que la rodea. Pero la isla ofrece mucho más fuera de la capital: la Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad, esconde pueblos como Deià o Valldemossa suspendidos entre montaña y acantilado, mientras que calas como Es Trenc o Cala Mondragó ofrecen aguas turquesas sin necesidad de cruzar a otra isla. Los amantes del tren histórico pueden completar la visita con el trayecto en el tren de Sóller, que atraviesa la sierra desde 1912 y desemboca en un pueblo costero perfecto para cerrar el día.
Menorca tiene un ritmo distinto al de su vecina mallorquina: menos masificación, más naturaleza protegida y un litoral salpicado de calas que solo se alcanzan tras una caminata por el Camí de Cavalls, la ruta que rodea toda la isla siguiendo el antiguo trazado militar. Cala Macarella y Cala Turqueta suelen aparecer en cualquier lista de las mejores playas del Mediterráneo, mientras que Ciutadella y Maó se disputan el papel de capital cultural, cada una con su propio puerto y su propia historia. La isla entera fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco, un dato que se nota en el estado de conservación de sus costas y en la ausencia de grandes desarrollos urbanísticos junto al mar.
Ibiza carga con una fama de destino nocturno que a veces eclipsa otra cara de la isla, la de calas escondidas y pueblos encalados donde el ritmo baja considerablemente. Es Vedrà, el islote rocoso que emerge frente a la costa suroeste, es uno de los puntos más fotografiados de las Baleares, especialmente al atardecer desde el mirador de Cala d'Hort. Dalt Vila, el casco antiguo amurallado de Ibiza ciudad, está declarado Patrimonio de la Humanidad y combina calles medievales con vistas privilegiadas sobre el puerto. Para quien busca playas familiares sin el ambiente festivo del sur, la zona de Portinatx, al norte de la isla, ofrece un paisaje mucho más tranquilo.
Los trayectos entre las tres islas mayores son frecuentes en temporada alta, lo que permite diseñar un itinerario que no dependa de un único destino. Es habitual, por ejemplo, llegar en ferry aPalma, pasar unos días recorriendo Mallorca y completar el viaje con un salto en barco hasta Ibiza o Menorca antes de regresar a Barcelona. Quien viaja con coche debe tener en cuenta que trasladarlo de una isla a otra implica un nuevo billete de ferry, por lo que muchos viajeros optan por dejar el vehículo aparcado en Barcelona durante todo el periplo y moverse entre islas solo como pasajeros, sin necesidad de embarcar el coche en cada tramo.
El precio varía bastante según la cercanía a la terminal y la duración de la reserva. Los aparcamientos situados justo junto al muelle suelen tener tarifas por hora o por día algo más elevadas, pensadas para estancias cortas, mientras que las opciones del centro, combinadas con el Cruise Bus, resultan más rentables para quien deja el coche varios días o incluso semanas. Reservar con antelación, especialmente en los meses de verano cuando la demanda de plazas se dispara, permite comparar precios con calma y evitar sorpresas el día del embarque.
Conviene comprobar con antelación en qué terminal opera la naviera elegida, ya que el puerto de Barcelona distribuye sus muelles entre distintas compañías y confundir la terminal puede suponer un desvío considerable el día de la salida. Para quien viaja de noche, es recomendable llegar con margen suficiente antes del cierre de facturación, un dato que cada naviera indica en su confirmación de reserva.
Si el parking elegido incluye lanzadera, es buena idea confirmar los horarios de traslado la víspera del viaje, sobre todo en temporada alta cuando la frecuencia del servicio puede ajustarse a la demanda. Guardar el justificante de la reserva del parking y llevarlo también en formato digital evita contratiempos innecesarios al llegar.
Empezar las vacaciones en Baleares con el parking ya resuelto permite centrar la atención en lo que realmente importa: el primer paseo por Dalt Vila, la caminata hasta una cala de Menorca o el tren de Sóller asomado a la sierra mallorquina.
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